Cerca de 39 millones de brasileños viven en zonas amenazadas por la desertificación. Entre ellos se encuentran agricultores, pueblos indígenas y personas que viven en los biomas del Pantanal, la Caatinga y la Pampa.
El término puede resultar extraño, ya que Brasil no tiene desiertos como el Atacama, en Chile, o el Sahara, en el norte de África, donde el clima seco y la escasez de agua son extremos.
Sin embargo, “desertificación” es una palabra más amplia que hace referencia al proceso de degradación ambiental por el cual una tierra que antes era productiva pierde su capacidad de retener agua y sustentar la vida. Esto ocurre principalmente debido a actividades humanas, como la deforestación y las prácticas agrícolas inadecuadas, y también a variaciones climáticas. Cuanto más avanzado está el proceso, mayor es el riesgo de que una región se convierta en un desierto.
Cerca del 18% del territorio brasileño está compuesto por Áreas Susceptibles a la Desertificación (ASD), según el boletín más reciente de la Superintendencia de Desarrollo del Nordeste.
Los obstáculos y las soluciones al problema forman parte de la agenda de representantes de la sociedad civil y de organismos gubernamentales de Brasil que participan en la 17.ª Conferencia de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17), en Mongolia, del 17 al 28 de agosto.
La coordinadora ejecutiva de la Articulación del Semiárido Brasileño (ASA), Ivi Aliana, destaca que el problema afecta principalmente a poblaciones vulnerables y comunidades tradicionales.
“Son las primeras en sentir los efectos, porque enfrentan directamente los impactos sobre el agua y la biodiversidad de sus territorios”, afirma Ivi.
Sin embargo, la degradación de la tierra no es un problema exclusivo de quienes viven en ella.
“Para algunos parece un problema lejano, pero la desertificación afecta la producción de alimentos, la seguridad hídrica y la economía, además de contribuir al aumento del calor. Y todo esto va más allá de las áreas degradadas. Tiene impactos tanto en el campo como en las ciudades brasileñas”, explica la coordinadora.
Agencia Brasil